Finanzas internacionales
Antecedentes
El sistema financiero internacional debe ser reformado. No podemos continuar
en bandazos de una crisis a otra implementando rescates financieros que benefician
a los ricos a expensas de los pobres. El peso de la deuda externa debe ser levantado,
en tanto continúa la transferencia perversa de riqueza desde pueblos empobrecidos
a sus acreedores. Desde el año 1981 hasta 1987, los países con menos desarrollo
han pagado US$1.5 billones más en pagos de servicios a la deuda que lo que han
recibido en nuevos préstamos. En 1997, los países de América Latina tenían una
deuda externa de más de US$ 650 mil millones. Estos pagos de la deuda, sumados
a las condiciones de ajuste estructural impuestas por los acreedores, han exacerbado
las injusticias entre las naciones y han distorsionado el desarrollo.
El aumento de la especulación financiera a expensas de las inversiones en
la producción amenaza el bienestar de la gente trabajadora en todas partes,
tanto en el Norte como en el Sur. Las reglas de inversión del TLCAN, la propuesta
del AMI y la propuesta de modificación de artículos de los acuerdos del Fondo
Monetario Internacional están diseñados para permitir a los inversionistas mover
cantidades ilimitadas de capitales desde un país a otro en cualquier momento.
Es de suponer que los negociadores del ALCA van a intentar propuestas similares.
Nuestra visión de las regulaciones financieras internacionales tiene una lógica
diferente.
Principios rectores
- El sistema financiero internacional debe asegurar estabilidad y asignar
fondos para fines productivos.
- Medidas de carácter nacional e internacional deben ser adoptadas para minimizar
las consecuencias destructivas de la especulación y el movimiento rápido de
capitales..
- Las instituciones financieras internacionales deben promover un desarrollo
social y económico sostenible en lugar de las políticas de austeridad y ajuste
estructural que empobrece a los pueblos y erosiona los sistemas de salud,
educación y el medio ambiente.
- Las deudas contraídas por dictaduras militares represivas son ilegítimas
y deben ser anuladas por ser "deudas odiosas".
- La deuda remanente de algunas naciones es tan elevada que hace imposible
el desarrollo sostenible. La deuda externa acumulada debido a altas tasas
de interés es insostenible y debe ser renegociada y parcialmente anulada,
debiendo ser pagado el saldo remanente a largo plazo y a baja tasa de interés.
Objetivos específicos:
- Deben pactarse multilateralmente nuevos mecanismos de regulación del capital
especulativo que eviten la inestabilidad y vulnerabilidad de las economías
nacionales y del sistema financiero internacional.
- Dado que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han fallado
en no supervisar el sistema financiero internacional en el sentido de apoyar
el desarrollo productivo y sustentable, deberían ser restructurados profundamente
o, en su defecto, ser remplazados por nuevas instituciones internacionales.
- Las autoridades nacionales deben tener la capacidad de regular los flujos
de capitales "calientes". Existe, a nivel internacional, una amplia gama de
propuestas concretas para enfrentar los problemas, que deben ser discutidas
y evaluadas. A la vez, hay un amplio consenso de que algo se debe hacer para
privilegiar el flujo de inversiones directas y productivas, asegurar que las
inversiones de cartera sean de más largo plazo y prevenir la inestabilidad
que puede causar su rápido movimiento. Estas medidas deben incluir impuestos
a las ganancias especulativas, regulaciones sobre el tiempo mínimo de permanencia
de las inversiones en un país e incentivos a la inversión directa y productiva.
- Cualquier acuerdo para las Américas debe incluir disposiciones que permitan
a los gobiernos canalizar la inversión extranjera hacia actividades productivas
en lugar de las especulativas. El Tratado de Libre Comercio de América del
Norte debe ser modificado en este sentido. De la misma manera, cualquier acuerdo
bajo los términos de la OMC o hemisférico debe reflejar la misma orientación,
a pesar de los posibles intentos por incorporar los peores elementos del frustrado
Acuerdo Multilateral de Inversiones.
- Un impuesto sobre transacciones de divisas, como el propuesto por el economista
y ganador del Premio Nobel James Tobin, debe ser utilizado para desalentar
la especulación sobre las divisas y permitir a los gobiernos nacionales tener
mayor control sobre sus políticas monetarias. Los ingresos del impuesto Tobin
(calculado en US$302 mil millones cada año en el supuesto conservador de que
fuera de 0.25%) deberían ser administrados por una agencia independiente de
las Naciones Unidas y utilizados para el desarrollo social y económico.
- Todo acuerdo entre países con diferentes niveles de desarrollo debe incluir
financiamientos compensatorios que les posibiliten alcanzar la competitividad
que implica la integración así como financiar sus programas sociales. Estos
procedimientos han sido llevados a la práctica por la Unión Europea, en la
cual los países con más recursos han canalizado apoyo para el desarrollo a
España, Grecia, Portugal e Irlanda para mejorar el nivel de vida y acercarlo
al de las otras naciones de la UE. En el hemisferio occidental la forma más
eficaz de igualar el terreno sería a través de una reducción importante de
la deuda de los países con más bajos ingresos. Por ello en el marco del ALCA
debe incluirse la negociación de una reducción al principal de la deuda externa,
tasas preferenciales de intereses y plazos de pago más largos.
- Las condiciones ortodoxas de ajuste estructural exigidas por el Banco Mundial
y el FMI deben ser abandonadas, pues evidentemente no han podido resolver
la crisis de la deuda, causando en cambio graves dificultades para los sectores
más pobres de la población. En su lugar, los países deben adoptar políticas
de desarrollo económico similares a las propuestas por la Comisión Económica
para África en su informe Marco Alternativo Africano para Programas de Ajuste
Estructural para la Recuperación y Transformación Socioeconómica.
- Deben fortalecerse los bancos centrales y/o entidades reguladoras de los
sistemas financieros para evitar la subordinación a los intereses oligopólicos
de los grandes bancos nacionales e internacionales, incluyendo los multilaterales.
Los bancos centrales y la política monetaria y financiera deben liberarse
de intereses electoralistas de corto plazo, partidistas y de grupos. Por ello
deben adquirir cierta autonomía respecto del poder ejecutivo, pero de ningún
modo deben ser completamente autónomos y libres de los mecanismos de control
de la sociedad que se expresan en las asambleas legislativas y congresos elegidos
democráticamente.
- Los bancos centrales y las entidades reguladoras de los sistemas financieros
nacionales deben concertar acciones internacionales para reducir tasas de
interés, estimular la demanda de productos y servicios e impulsar inversiones
en la producción, pero no en la especulación. La cooperación internacional
es también necesaria para combatir el lavado de dinero.
- Ningún acuerdo internacional debe menoscabar la capacidad de los Estados
para diseñar políticas monetarias y financieras para el desarrollo y bienestar
de sus pueblos.
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