Prólogo

Del 15 al 18 de abril de 1998 se congregaron aproximadamente 1,000 hombres y mujeres de casi todos los países del hemisferio en la Cumbre de los Pueblos de las Américas en Santiago de Chile. Nos reunimos para expresar nuestro rechazo colectivo a la agenda neoliberal dominante que promueve la liberalización del comercio y la inversión, la desregulación, la privatización y políticas económicas dirigidas por el mercado como fórmula para el desarrollo. La Cumbre de los Pueblos se centró en la construcción de una alianza hemisférica social en torno a alternativas concretas y factibles, al tiempo que los presidentes y primeros ministros de nuestras naciones se reunían con el propósito de negociar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Es de suponer que el ALCA seguirá los pasos de los acuerdos anteriores, como el TLCAN, expandiendo el alcance del neoliberalismo en el hemisferio. El presente documento expresa nuestra determinación de construir una alternativa al ALCA con base en las propuestas descritas a continuación.

Detrás de este esfuerzo por encontrar alternativas está nuestra convicción de que el modelo económico neoliberal ha sido un desastre para la mayoría de los habitantes del hemisferio:

El neoliberalismo en nuestro hemisferio surgió de un sangriento golpe de estado apoyado por los Estados Unidos, que colocó en el poder al general Augusto Pinochet. En el marco de las secuelas del golpe, Pinochet invitó a los economistas de la escuela de Chicago a imponer reglas para el desarrollo de Chile que coincidieran con los intereses de quienes habían apoyado el golpe. Pinochet utilizó el terrorismo de estado para imponer tales reglas. Un cuarto de siglo más tarde, el presidente estadounidense William Clinton de los Estados Unidos llega a Santiago con ocasión del inicio de las negociaciones del ALCA y proclama a Chile "modelo para el hemisferio". Sus loas revelan que las intenciones del más poderoso gobierno de las Américas son las de usar el ALCA para promover la versión neoliberal más extrema. En contraste el presidente de la ORIT, Luis Anderson, afirmó al día siguiente en la Cumbre de los Pueblos que, "cuando los niños tienen que mendigar alimentos, queda claro que Chile no es el modelo".

El neoliberalismo implica la imposición de un conjunto de reglas que se aplican no sólo a la economía sino también al tejido social de nuestras sociedades. El punto para nosotros no es, entonces, libre comercio vrs protección o integración vrs aislamiento, sino cuáles reglas van a prevalecer y quiénes se van a beneficiar de ellas.

La Cumbre de los Pueblos en Santiago dejó de manifiesto que existe un creciente movimiento de resistencia. Es un movimiento de los pueblos de las Américas que les dice a esos líderes políticos, a los especuladores financieros y a las corporaciones transnacionales que promueven el neoliberalismo, que su agenda es inaceptable. Es un movimiento de los pueblos de las Américas exigiendo respeto por su humanidad. Lo hacen afirmando que una alimentación nutritiva, un lugar confortable donde vivir, un medio ambiente limpio y sano, educación y salud son derechos humanos. Y declaran que el respeto por los derechos de los trabajadores, de las mujeres, de los pueblos indígenas, de los pueblos negros dentro y fuera de las fronteras nacionales deben estar al centro de cualquier proceso de integración.

Quienes apoyan el modelo neoliberal intentan minar la resistencia de los pueblos de las Américas de diferentes maneras. En los Estados Unidos, las grandes corporaciones han lanzado una masiva campaña de propaganda para "educar" al público sobre los beneficios del libre comercio. Como respuesta extrema, varios países han utilizado el Estado Nación como instrumento de terror contra sus propios pueblos: el neoliberalismo nacido de la sangrienta dictadura de Pinochet. Disfrazada de "guerra contra la droga", los esfuerzos de contrainsurgencia a menudo inyectados por dinero, entrenamiento y equipamiento militar de los Estados Unidos, se han transformado en una plaga para nuestro hemisferio. Es más, la represión al movimiento popular en México, en América Central y América del Sur, es un intento de limitar las demandas de nuestras naciones. En ocasiones, esa represión ha tomado forma de terrorismo brutal, como es el caso de la masacre de Acteal en México, los asesinatos de miles de dirigentes sindicales y de los movimientos populares colombianos en los últimos años, así como el salvaje asesinato del obispo Gerardi de Guatemala. Aunque nuestros líderes políticos han condenado públicamente tal violencia, nos preguntamos si no habrán respirados aliviados, pues estos actos abominables sirven para silenciar a los que han desafiado y continuarán desafiando los ataques neoliberales.

Mientras las compañías transnacionales, los especuladores y los gobiernos que los apoyan continúan actuando en función de sus propios intereses, nosotros hemos empezado a unirnos superando fronteras y uniendo sectores sociales para oponer a esos intereses personales con aquellos intereses de las vastas mayorías de los residentes de nuestro hemisferio. Aunque la construcción de esta alianza social da recién sus primeros pasos, esta urgente tarea ha comenzado.

La historia nos enseña muchas cosas. Una de esas enseñanzas se puede encontrar en las palabras del gran emancipador afroamericano Frederick Douglass: "Si no hay lucha no hay progreso, el poder no concede nada si no le es exigido; nunca ha sucedido y nunca sucederá?? Imaginen lo que la gente hubiese cedido en silencio y conocerán la medida exacta de los errores e injusticias cometidos. Los límites de los tiranos son determinados por la capacidad de resistencia de los que sufren la opresión."

Otra lección de la historia nos enseña que aunque la opresión sea sin medida no se puede contener que los pueblos reivindiquen su humanidad y actúen en función de ella.

La Cumbre de los Pueblos de las Américas no se limitó a decir no a las reglas neoliberales; también dio inicio a un diálogo sobre alternativas. Este documento es el producto de ese diálogo y está enraizado en las aspiraciones de los pueblos de nuestro hemisferio de vivir y desarrollarse como seres humanos integrales. Esta aspiración por construir una sociedad más igualitaria y dignificadora cruza el hemisferio y trasciende las fronteras nacionales. Tiene una larga tradición histórica en las Américas. Se remonta por lo menos a los tiempos de las luchas de independencia para constituir países libres en el hemisferio americano. Hace casi dos siglos que Simón Bolívar, líder del movimiento que liberó una gran parte de América del Sur del colonialismo, declaró: "Yo deseo más que otro alguno ver formar en América, la más grande, nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria".

Alternativas para las Américas no es sólo una doctrina económica, sino también una propuesta para la integración social a través de las ideas, talentos y riquezas de todos nuestros pueblos para que puedan ser compartidas para nuestro mutuo beneficio. Este es un documento vivo que podrá ser modificado y ampliado en el ejercicio de nuestro derecho a continuar el debate y la discusión.

Introducción/Resumen